El primer tratamiento para la esquizofrenia fue identificado por un cirujano en París llamado Henri Laborit. Este quería eliminar los síntomas de la condición sin tener que darles terapias de "shock" eléctrico. Al suministrarles una fuerte dósis de chlorpromazine a sus pacientes, veía que su estado mental mejoraba y que ya no estaban tan ansiosos a la hora de su cirugía, en lo contrario se mostraban indiferentes. Estaba tan impresionado con los efectos de la medicina, que pensó que tendría algún uso en la psiquiatría.
Los resultados eran fascinantes, las personas agresivas ya no lo eran, personas que se quedaban en un lugar sin querer moverse ya lo hacían. Las personas enfermas que antes no se podían quedar solas con otras personas sin supervisión, ya podían. Eran personas enfermas con las que de repente, se podía hablar.
En el 1954 chlorpromazine, fue aprobada (por U.S. Food and Drug Administration) y tomó a la nación por sorpresa. Tenía un efecto calmante sin tener que administrar calmantes a las personas. Al 1954, ya 50 millones de personas habían tomado chlorpromazine.
No fue hasta unos años después que se descubrieron efectos secundarios en los pacientes. Eran efectos tan drásticos, que las personas parecían sufrir el mal de Parkinsons. Correlaciones como esa fueron las que ayudaron a entender el funcionamiento de la dopamina y otros neurotransmisores.